Entrega en Guarilihue: un DJI Agras T25P con antena RTK para las viñas antiguas del Itata

Entregamos un DJI Agras T25P en Guarilihue, comuna de Coelemu, Región de Ñuble, para trabajar en las viñas de Viña Bandido Neira. El cliente sumó dos accesorios que definen completamente la operación: antena RTK, para trabajar con precisión centimétrica, y el estanque de sólidos, para aplicar fertilizante desde el aire.
De todos los equipos de la línea Agras, el T25P es el más chico. Y en el Itata, eso no es una limitación: es exactamente lo que el terreno pide.
Dónde está el problema: el lomaje
El valle del Itata es secano. Las viñas están plantadas en los lomajes de la Cordillera de la Costa, sobre suelos graníticos, sin riego. Son parras viejas, en cabeza y a pie franco, muchas de ellas plantadas hace más de un siglo, en trazados que nunca se pensaron para que pasara una máquina porque cuando se plantaron no existía la máquina.
El resultado es un manejo que, en pleno 2026, sigue haciéndose en gran medida con bomba de espalda: subir el cerro cargando la mezcla, aplicar parra por parra, bajar, recargar y volver a subir. Es lento, es físicamente duro y —lo más importante desde el punto de vista del cultivo— es irregular. La cobertura depende de cuán cansado venga el operario en la última hilera del día.
Un tractor con pulverizador no resuelve el problema: en esas pendientes o no entra, o entra con riesgo, o para que entre habría que reordenar un viñedo patrimonial que justamente vale por estar como está.
Por qué aquí el RTK no es un lujo
Esta es la parte donde la decisión del cliente fue fina. Un dron agrícola sin RTK vuela con una precisión de posicionamiento de aproximadamente ±60 cm en horizontal y ±30 cm en vertical. Con RTK activado, esa cifra baja a ±10 cm en ambos ejes.
En un cultivo en hileras rectas y regulares, 60 centímetros se perdonan. En un viñedo de parras en cabeza, plantadas de forma irregular sobre una ladera y con vecinos inmediatos, 60 centímetros son la diferencia entre aplicar sobre la parra o aplicar sobre el suelo, y entre quedarse dentro del predio o pasarse al del lado.
Hay un segundo beneficio del RTK que se nota recién en la segunda temporada: la repetibilidad. Con la ruta guardada y corrección RTK, la aplicación número veinte se ejecuta exactamente sobre la misma línea que la número uno. No depende de quién esté volando ese día. En un viñedo donde se busca consistencia año a año, eso vale tanto como la precisión puntual.
Y un tercero, menos obvio: en una zona donde muchos productores trabajan con mínima intervención o con certificaciones, aplicar exactamente donde corresponde y no un metro más allá no es una preferencia técnica. Es una condición para poder seguir vendiendo el vino como lo que es.
El estanque de sólidos: fertilizar sin subir el cerro al hombro
El segundo accesorio fue el sistema de esparcido. El T25P lleva un estanque de 30 litros con capacidad para 25 kg de carga y una descarga de hasta 190 kg/min con fertilizante compuesto.
En un viñedo de secano en ladera, la fertilización se hace hoy a mano: el saco se sube, se camina la hilera y se distribuye al ojo. Con el dron el fertilizante se aplica desde el aire, con dosis pareja y sin que nadie tenga que cargar peso cerro arriba. Es el mismo equipo, cambiando el módulo, cumpliendo dos funciones distintas en el mismo predio.
El equipo: DJI Agras T25P
El T25P está diseñado para aplicaciones ágiles y rápidas, en predios chicos o de geometría complicada:
Estanque de pulverización: 20 litros.
Caudal máximo: 24 L/min con 4 boquillas (2 en configuración estándar).
Tamaño de gota: 50 a 500 micrones.
Ancho de pulverización efectivo: 4 a 7 metros, a 3 metros sobre el cultivo.
Sistema de esparcido: estanque de 30 litros, 25 kg de carga, hasta 190 kg/min.
Peso máximo de despegue: 53 kg en pulverización, 60 kg en esparcido.
Seguridad: radar de ondas milimétricas de 360° horizontal más sistema de visión tri-ocular, con detección hasta 60 metros.
Precisión de posicionamiento: ±10 cm horizontal y vertical con RTK; ±60 cm horizontal y ±30 cm vertical sin RTK.
Por qué un equipo chico y no uno grande
La pregunta aparece siempre: si existe el T55 o el T70P, ¿por qué llevar el más chico?
Porque en el Itata los paños son pequeños y están repartidos. Un productor puede tener tres o cuatro retazos separados por cerros y caminos, y el tiempo perdido no está en el vuelo sino en el traslado. El T25P lo mueve y lo arma una persona, entra en una camioneta sin operativo especial y está volando pocos minutos después de llegar al paño.
Con 20 litros y 4 a 7 metros de ancho de aplicación, un equipo más grande no aplicaría más rápido en un paño de media hectárea con forma irregular: aplicaría con más maniobra, más margen de seguridad y menos aprovechamiento del estanque. Elegir bien el tamaño es parte del trabajo, y en este caso el más chico era el correcto.
Drones en vides: para qué sirven realmente
Más allá de este caso, el uso de drones en viñedos ya tiene contornos bastante claros en Chile:
Aplicar dentro de la ventana. En zonas con influencia costera, la humedad de la mañana presiona con oídio y botritis justo cuando el suelo está menos transitable. El dron despega desde la cabecera y aplica igual, que es cuando el tratamiento efectivamente sirve.
Cero compactación entre hileras. La vid es un cultivo perenne: el pisado del tractor se acumula temporada tras temporada sin ninguna instancia para revertirlo. El dron no toca el suelo.
Menos gente expuesta al producto. El operador va en la cabecera con el control, no adentro de la nube de aplicación con una bomba a la espalda.
Menos agua y menos mezcla sobrante. Los volúmenes por hectárea son muy inferiores a los de un pulverizador terrestre, con gota regulable según el objetivo y las condiciones de viento.
Trazabilidad automática. Cada vuelo queda registrado: superficie, ruta, dosis, fecha y hora. Para cualquier certificación o para responder una auditoría de exportación, eso deja de ser un cuaderno.
Fertilización y siembra de cubiertas. Con el módulo de sólidos, el mismo equipo distribuye granulado en terreno donde no entra una abonadora.
Patrimonio que no se puede reponer
Hay un punto que en el Itata pesa más que el cálculo económico. Las parras de esta zona son de las variedades patrimoniales que llegaron en el siglo XVI —País y Moscatel de Alejandría— junto a la Cinsault y la Semillón replantadas después del terremoto de 1939. Están a pie franco y muchas superan el siglo.
Una parra centenaria que se pierde por una aplicación mal hecha no se repone comprando otra. Se repone esperando cien años. En ese contexto, pagar por una antena RTK que baja el error de sesenta a diez centímetros deja de parecer un gasto en tecnología y pasa a ser lo que realmente es: un seguro.
¿Tienes viñas en ladera?
En HSM Drones somos distribuidor autorizado DJI Agriculture en Chile y entregamos en todo el país. Cada entrega incluye capacitación en terreno, el curso de nuestra academia DJI Agriculture, respaldo de repuestos y servicio técnico propio.
Si quieres evaluar qué equipo corresponde a tus paños y si el RTK se justifica en tu caso, revisa la ficha del DJI Agras T25P Kit o escríbenos. También puedes ver cómo trabajamos en otros cultivos perennes, como la entrega de un T70P para peonías en Paillaco, o revisar el DJI Agras T55 de 50 litros si tu superficie es mayor. Llámanos al +56 9 8300 2701.
Fuentes
Especificaciones técnicas: DJI Agriculture. Antecedentes del valle del Itata: Guía de Vinos del Valle del Itata (INDAP).



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